IA aplicada a SECOP: así está cambiando la contratación pública en Colombia
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¿La IA amenaza el empleo del ingeniero que prepara licitaciones? La respuesta honesta, con datos de la Cumbre de IA CAMACOL 2026.
La IA no reemplaza al ingeniero de licitaciones: lo redefine
Respuesta rápida: la inteligencia artificial no elimina al ingeniero que prepara licitaciones: automatiza la lectura y estructuración de pliegos, no el criterio ni la responsabilidad profesional. El riesgo real de reemplazo es mayor para el ingeniero freelancer que cobra por horas de análisis manual que para el ingeniero empleado en una firma, cuyo rol se transforma —no desaparece— hacia la interpretación y decisión estratégica.
Hay una conversación que se está dando en voz baja en las firmas de ingeniería del país, y en la Cumbre de Inteligencia Artificial de CAMACOL en Cartagena quedó clarísima, aunque nadie la dijera con estas palabras exactas: los ingenieros que preparan licitaciones tienen miedo.
No es un miedo abstracto ni un titular alarmista. Es concreto y tiene dos caras distintas, y por eso merece una respuesta seria y no una frase de marketing.
El primero es el del ingeniero operativo que trabaja para una firma constructora o consultora. Su temor no es perder el empleo al día siguiente. Es más sutil: si le muestro esta herramienta a mi jefe, va a pensar que mi trabajo se resuelve con un clic — y que entonces yo sobro. Es un miedo a la percepción. Pero aunque sea "solo" percepción, el efecto es real: si el ingeniero cree eso, no va a recomendar la tecnología a su empresa. En el peor de los casos, la va a sabotear en silencio.
El segundo es distinto y es más serio: el del ingeniero freelancer que vive de preparar licitaciones. Si su modelo de negocio es "leo el pliego, lo analizo y armo la propuesta por un honorario fijo", una herramienta que hace ese análisis en minutos sí compite con su fuente de ingreso actual. Aquí no alcanza con un eslogan optimista. Hay que ser honesto sobre lo que cambia.
En julio de 2026, líderes de tecnología y del gremio de la construcción se reunieron en Cartagena para hablar exactamente de esto: cómo la inteligencia artificial está transformando la cadena de valor de la construcción y la contratación pública en América Latina. Y tres ideas de ese encuentro son la clave para entender lo que le está pasando —y le va a pasar— al ingeniero de licitaciones.
La inversionista de riesgo Rebeca Hwang, académica de MIT y Stanford, describió con crudeza lo que pasa cuando una empresa impone inteligencia artificial sin explicarle a su gente el "para qué": genera sabotaje por miedo al reemplazo. Su recomendación fue clara: las empresas deben comunicar con transparencia cómo se van a redistribuir las ganancias y los roles del personal, no simplemente anunciar que "ahora usamos IA" y esperar entusiasmo.
Esto es exactamente lo que le pasa hoy a muchas firmas de ingeniería en Colombia: la tecnología llega, nadie explica el rol del ingeniero en el nuevo esquema, y el miedo llena ese vacío.
En la apertura del congreso, el presidente de Camacol Bolívar fue enfático: la innovación no amenaza el empleo — lo dignifica, mejora la productividad y le permite al talento humano concentrarse en lo que realmente genera valor. Es una frase fácil de decir y difícil de demostrar. Por eso importa lo que viene a continuación.
El caso más concreto de la cumbre lo presentó Javier Cruz, exgerente de Tecnología y Datos de Constructora Bolívar. Mostró, rol por rol, cómo cambia el trabajo cuando entra la IA: el director de obra deja de liderar solo por intuición y pasa a interrogar modelos predictivos; el responsable de compras deja el papeleo manual y pasa a auditar recomendaciones de un agente inteligente. En ningún caso el rol desaparece. Cambia lo que hace con su tiempo.
Ese es exactamente el modelo que aplica al ingeniero de licitaciones.
Hoy, un ingeniero que prepara una propuesta pública gasta la mayor parte de su tiempo en trabajo mecánico: leer pliegos de cientos de páginas, ubicar requisitos dispersos, estructurar anexos, verificar experiencia exigida. Ese trabajo consume horas — y no es ahí donde está su verdadero valor profesional.
Cuando una herramienta de inteligencia artificial asume esa carga de lectura y estructuración, no elimina al ingeniero: invierte la proporción de su tiempo. Pasa de dedicar el 80% a leer y el 20% a decidir, a dedicar el 80% a decidir y el 20% a supervisar lo que la máquina ya organizó.
Y hay un argumento de negocio muy simple para llevarle a cualquier gerente escéptico: una firma que hoy analiza cinco procesos al mes, con esta tecnología puede analizar veinte — sin contratar a una sola persona más. Eso no vuelve prescindible al ingeniero. Lo vuelve la persona que puede manejar cuatro veces más oportunidades de negocio para su empresa.
Si usted dirige una firma de ingeniería o una constructora, la pregunta que debería hacerse no es "¿mi ingeniero se vuelve innecesario?", sino esta otra, que fue justamente el llamado de cierre de la cumbre: ¿qué va a hacer diferente su empresa a partir del próximo lunes?
Las empresas que ya usan IA en su cadena de valor no están despidiendo ingenieros de licitaciones. Están permitiendo que esos ingenieros participen en más procesos, con mejor criterio y menos desgaste. La brecha real —el dato que toda la cumbre repitió— es que el 84% de las empresas del sector aún no ha iniciado la implementación de IA, mientras que la competencia que sí arrancó ya está compitiendo con una capacidad analítica que la que no arrancó no tiene.
Aquí hay que ser más cuidadoso, porque el impacto es más directo. Si usted es ingeniero independiente y su ingreso depende de cobrar por horas de lectura y armado manual de propuestas, el cambio de modelo es real y conviene anticiparlo, no negarlo. Algunas rutas concretas:
No todo cambio tecnológico es neutro para todos. Sería deshonesto prometer que nada cambia. Pero también sería un error quedarse quieto por miedo: la evidencia de esta cumbre y de casos internacionales muestra algo consistente — cuando una empresa o un profesional usa la IA para hacer más con el mismo tiempo, gana. Cuando la ignora esperando que la tecnología se vaya, pierde terreno frente a quien sí la adoptó.
El ingeniero que hoy vale por su velocidad para leer un pliego, en un año va a valer por su criterio para decidir si conviene participar y a qué precio. Ese es el ingeniero que este momento tecnológico está construyendo — no el que la inteligencia artificial reemplaza, sino el que la inteligencia artificial libera para pensar.
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